Cwaik, Joan (2025). El Algoritmo: ¿quién decide por nosotros? Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Planeta. Primera edición. 248 páginas. ISBN: 978-950-49-9106-9
María Virginia Hartwig AcostaLa reciente obra El Algoritmo, ¿quién decide por nosotros? de Joan Cwaik (2025) se editó por primera vez en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A), Argentina en junio del corriente año. Cuenta con 246 páginas que invitan a una lectura organizada en ocho capítulos, un cierre con interrogantes para la reflexión y un glosario con terminología referente a las temáticas abordadas en la obra. Escrito en primera persona, el autor hace un llamamiento a reflexionar sobre el modo de vida en una sociedad donde todo está mediado por la tecnología.
En este sentido, la obra recupera una temática central y muy discutida en los últimos años: los sistemas algorítmicos y sus impactos sociales en la era de la digitalización de la vida. El autor es un divulgador, autor y conferencista en el ámbito de las tecnologías emergentes, y hace una invitación a reflexionar sobre los algoritmos, la Inteligencia Artificial (IA) y la digitalización de la vida. Estos son fenómenos que atraviesan la mayoría de las prácticas sociales, dando lugar a nuevos fenómenos que nos interpelan y cuestionan nuestra esencia humana. Joan parte de sus experiencias personales en todos los ámbitos que describe en los capítulos, y ello hace que el público lector pueda encontrar similitudes (y diferencias) en cuanto a sus propias vivencias. Del mismo modo, muchos de los temas que expone, dialogan con investigaciones y autores que han desarrollado sus estudios en el mencionado campo, tal como se expone en las líneas que siguen.
El primer capítulo intitulado “El algoritmo en su laberinto”, Joan Cwaik busca arribar a un concepto de algoritmo aseverando que “detrás de cada algoritmo hay programadores, decisiones y objetivos comerciales. No son entidades místicas, sino herramientas diseñadas para cumplir funciones concretas” (p. 25). En éste sentido, hace énfasis en que nuestras experiencias se ven influenciadas por éstos datos algorítmicos, entendidos netamente como una creación humana. En esta linea, Éric Sadin (2024) postula a la Inteligencia Artificial como aquello que permite no solo calcular y cuantificar conductas, sino mejorar y optimizar las decisiones posibles para cada momento de la vida, a partir de un promptismo generalizado. Sadin afirma que estamos ante “un monitoreo robotizado de los flujos de la vida” (p. 104), que indefectiblemente se inscribe en el aquí y ahora. Esa relación íntima con lo real, da lugar a la creación de otras realidades posibles. Ya no basta con hablar de simulacro: estamos frente nuevas realidades que se viven como tales.
El segundo capítulo, “El algoritmo del amor”, recupera principalmente experiencias del autor en torno a diversos encuentros amorosos que ha tenido a través de aplicaciones de citas. Así, su algoritmo ha simplificado la búsqueda de perfiles, pero no ha podido aportar a lo “impredecible” de un encuentro. Aquí aparece la pregunta: “¿Es posible construir algo genuino en un espacio donde cada interacción está mediada por números, porcentajes y fórmulas de compatibilidad?” (p. 41) Del mismo modo, llegando al tercer capítulo, el cual se titula “El algoritmo y las amistades”, se problematiza el concepto de amistad, a partir de la presencia algorítmica: ¿qué es la amistad? A partir de esto, entablar o no amistades depende de las interacciones que se logren en las redes, transformándolas en contenido. El autor afirma que “lo que compartimos no se mide solo por su valor emocional, sino por su capacidad de generar interacción” (p. 87), lo cual aplica para el amor y la amistad.
El cuarto capítulo trae el tema de “El algoritmo y la ansiedad”, la cual, según el autor, se vincula cada vez más al uso excesivo de las redes sociales e internet. En éste sentido, “las redes reescribieron el guion de la interacción humana” (p. 104) sobreexponiendo a los sujetos a la estimulación y dopamina constantes. “La tecnología nos ha convencido de que el mundo tiene que estar siempre disponible, siempre en movimiento. Y cuando esa hiperconectividad se interrumpe, el vacío se siente insoportable” (p. 107) El autor hace un llamamiento a aprender a combatir esos espacios de incertidumbres, de espera: “En un mundo regido por el “visto”, atrevernos a convivir con la demora, la ambigüedad y el silencio es la única forma de recuperar un espacio de calma que la tecnología no puede ni debe reemplazar” (p. 116)
Arribamos al quinto capítulo bajo el título “El algoritmo y la política”, en el que Joan Cwaik expone que el algoritmo moldea decisiones, intenciones de voto y lleva la “plaza pública” a lo digital y a X –antes Twitter-. “X y la política reflejan la tensión de nuestra era: libertad de expresión vs. manipulación algorítmica” (p. 126) La democracia ha pasado a debatirse entre likes y scrolls infinitos: “¿el problema? La democracia no funciona con la lógica de un feed; requiere tiempo y matices, mientras que el algoritmo se diseña para premiar la inmediatez y la reacción visceral” (p. 137) Este tema se puede profundizar en su libro “El quinto poder” (2025), escrito con Martín Yeza, en el que se afirma que los votos y las formas de organización social hoy se ven muy influenciados por los algoritmos. Aquí también hacen un llamamiento a “hackear la democracia” y actualizarla en consonancia con el avance de las tecnologías emergentes.
Continuando con “El algoritmo y el entretenimiento”, el autor sostiene que “el algoritmo no nos recomienda lo que más nos enriquece, sino lo que más retiene. Su lógica no es educativa ni artística, es química: pequeñas dosis de dopamina que nos mantienen atrapados” (p. 144). Aquí, plataformas como Spotify y Netflix funcionan de modo tal que seleccionan para cada uno lo que quiere consumir. Nada queda librado al azar. Todo se vuelve contenido y el tiempo libre debe ser capturado con una pantalla. José Van Dijck (2011), al respecto, afirma “el consumidor se ve atraído y “atrapado” dentro del flujo algorítmico (…) los algoritmos que promueven la intervinculación no sólo aseguran “una experiencia online sin fricciones”; también hacen que esa experiencia sea manipulable y vendible” (p. 163) Aunque esta idea se asocia a la sociabilidad planteada por la autora –en Facebook, por ejemplo-, aplica también para las plataformas mencionadas por Cwaik.
El anteúltimo capítulo nos invita a reflexionar sobre “El algoritmo y la economía”. Así, frente al capitalismo de plataformas, son los algoritmos quienes deciden el ritmo del mercado, de lo que se compra y lo que se vende. “El mercado ya no se rige sólo por lo que una empresa es, sino por lo que aparenta ser en el ecosistema digital” (p. 178). El autor Nick Srnicek en su libro “Capitalismo de plataformas” (2018) sostiene que dicho sistema de producción se profundizó con “la extracción y uso de un sistema particular de materia prima: los datos” (p. 41), y en este sentido son las plataformas los medios utilizados para grabar y difundirlos: “Los datos son la materia prima que debe ser extraída, y las actividades de los usuarios, la fuente natural de esta materia prima” (p. 42). Aquí radica la importancia de comprender los modos en que los algoritmos se sirven de dichos datos para forjar decisiones y consumos.
El último capítulo bajo el título “El algoritmo y la verdad”, el autor recupera el concepto de posverdad el cual se vuelve peligroso porque erosiona por completo la confianza de las personas. Frente a esto, propone redefinir la verdad fuera del algoritmo. Con el uso de las Inteligencias Artificiales Generativas (IAG) como ChatGPT, y la confianza plena en sus respuestas, se corre el riesgo de perder el pensamiento crítico. Esto ocurre porque la IA replica patrones entrenados, y no siempre posee respuestas verdaderas: “No existe un organismo internacional que valide lo que leemos en internet. No hay una autoridad académica revisando cada resultado de búsqueda o cada artículo editado” (p. 211) Lo que hacen las IAG se conoce como “aprendizaje autónomo”, el cual como afirma Enzo Ferrante (2021) se basa en algoritmos que buscan patrones en conjuntos de datos y luego los usan para predecir. Entonces, depende el entrenamiento que haya recibido esa herramienta de inteligencia artificial, serán los productos y datos que generará. “Los datos pueden ser imágenes, sonidos, texto escrito, redes, posiciones de un gps, tablas o cualquier representación que se nos ocurra. En todo caso, la idea central es que los modelos de aprendizaje automático aprenden a partir de los datos” (Ferrante, E. 2021: p. 29)
Para concluir la obra, Joan Cwaik propone un glosario “porque a veces las palabras se nos escapan, o peor, creemos entenderlas solo porque las leemos seguido” (p. 231) Allí se pueden consultar aquellos conceptos o ideas relacionadas, principalmente, al mundo algorítmico.
Este libro se vuelve un aporte interesante al estudio de los sistemas algorítmicos, en tanto parte de vivencias personales de su autor en relación a los algoritmos que han moldeado sus decisiones, consumos y “vínculos” a través de diversas plataformas. El autor manifiesta que leer un libro en estos tiempos, es un acto contra algorítmico, en una sociedad en la que nos interpela la instantaneidad y el corto plazo en todos los ámbitos.
Cwaik, J. & Yeza, M. (2025). El quinto poder. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ed. Planeta libros.
Ferrante, E. (2021). Inteligencia artificial y sesgos algorítmicos ¿Por qué deberían importarnos? Revista Nueva Sociedad 294. Recuperado de: https://static.nuso.org/media/articles/downloads/1.TC_Ferrante_294.pdf
Srnicek, N. (2018). Capitalismo de plataformas. Buenos Aires: Ed. Caja Negra Editora.
Sadin, É. (2024). La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ciudad deBuenos Aires: Ed. Caja Negra Editora.
Van Dijck, J. (2011). Cultura de la conectividad. Una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo XX editores.