Del estudio de los sistemas al análisis de las prácticas. Enfoques de investigación en comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa en Argentina
From the Study of Systems to the Analysis of Practices: Research Approaches in Popular, Community, Alternative, and Educational Communication in Argentina
Diego Martín Jaimes Eva FontdevilaEn este trabajo nos proponemos reconocer los principales enfoques, perspectivas, métodos y técnicas puestos en juego en la investigación en comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa en Argentina. Somos parte de ese campo: lo habitamos desde las prácticas cotidianas de producción, gestión y sostenibilidad de sus proyectos político-comunicativos, y también en las prácticas de docencia, militancia e investigación en nuestras universidades públicas. Es por eso que asumimos esta tarea desde su carácter dialógico: entre distintas formas de producción de conocimiento, y en la reflexión crítica permanente respecto del contexto social, político y cultural en el cual inciden estas experiencias.
En ese espacio que habitamos, y recorremos como un itinerario en movimiento -que a la vez que analizamos, construimos- buscamos las huellas que permitan reconstruir las memorias. Desde esos rastros que dejaron artículos, investigaciones y producciones teóricas, intentamos reconstruir un camino hecho de signos múltiples. Al decodificarlos, encontramos las marcas de un tiempo histórico, de intersección entre teorías y prácticas, de diálogo entre actores sociales y territorios que conforman un mapa, una red. Siguiendo esos índices, tratamos de reconocer en particular los modos en que uno de sus actores principales -las radios comunitarias y populares- fueron pensadas, discutidas y vividas. También las condiciones históricas de producción de cada aporte.
El recorrido que desarrollamos no es azaroso: fuimos voluntariamente en busca de esos textos con los que en algún momento nos cruzamos -y nos ayudaron a pensar y mejorar nuestras prácticas- aunque también nos encontramos con lo no buscado o previsto: esas lecturas enriquecieron nuestras miradas y permitieron abrirlas a perspectivas diferentes.
Registramos que esta tarea de indagación y sistematización -en nuestro espacio específico pero también en el campo de la comunicación en general- estaba vacante. O, al menos, es incipiente: traer al presente una gran diversidad de enfoques y métodos de producción de conocimiento y mapearlos como un todo probablemente recién está empezando. Vale aclarar que no pretendemos que estén todos los materiales producidos: esa tarea, además de imposible, requeriría un trabajo de más largo alcance.
Por último, este intento de cartografía de marcas y resonancias no sólo pretende recuperar debates pasados, sino también señalar las rutas abiertas y los nuevos escenarios y desafíos hacia la democratización de la comunicación en la Argentina y en América Latina, proceso histórico que, desde lo político, es sumamente relevante en nuestra formación. En ese horizonte de democratización, visualizamos a futuro un desafío central para nuestras universidades públicas: seguir apuntalando la consideración de la comunicación como un derecho humano fundamental en el marco de una sociedad más democrática, justa e igualitaria.
En Argentina puede reconocerse una amplia diversidad de prácticas de comunicación desarrolladas al margen de las lógicas comerciales de la radio, la televisión y la prensa gráfica. Desde fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte, emergieron experiencias vinculadas a la prensa sindical, a los movimientos sociales y a la protesta, que marcaron hitos relevantes en la producción mediática (Badenes, 2020; Lobato, 2009). Sin embargo, entendemos que las experiencias más significativas, y a la vez las que han logrado mayor continuidad en el tiempo, han sido las radios comunitarias, que desarrollaron un potente movimiento en los últimos 40 años.
El sistema de medios argentino ignoró durante casi un siglo la existencia legal de medios de comunicación sin fines de lucro. Desde las primeras transmisiones radiales (1920) y televisivas (1951), las regulaciones se limitaron a contemplar únicamente a los medios comerciales y estatales, consolidando un modelo inspirado en el esquema norteamericano (Rossi, 2005; Elíades, 2003). En este marco, el sector privado ocupó un lugar central, sostenido principalmente por la publicidad, mientras que el Estado asumió un papel subsidiario, con medios públicos que llegaban allí donde el mercado no encontraba rentabilidad. A ello se sumaron los elevados costos tecnológicos de emisión y recepción, que marcaron las condiciones de acceso. Sin embargo, luego de diversos períodos dictatoriales, y tras la recuperación democrática en 1983, irrumpió un nuevo actor social que comenzó a disputar sentidos y espacios en este escenario mediático. Surgidas en los años ochenta, como emergentes de una nueva etapa que se abría en el país luego de una feroz dictadura militar (1976-1983) las radios comunitarias fueron el canal de comunicación principal de personas, grupos, instituciones y organizaciones que demandaban una existencia en el espacio público.
Así lo caracterizaba María Cristina Mata (1987):
A partir de la restauración en nuestro país del sistema democrático, uno de los hechos más sobresalientes —en el sentido de la trascendencia pública— que se produjeron en el campo de la comunicación ha sido el debate acerca del papel que deben cumplir, en esta nueva etapa, los medios de comunicación masivos. Muchos de los planteos realizados en el curso de ese debate, que se espera sea la base del reordenamiento jurídico, institucional y económico de tales medios —ley de radiodifusión incluida— apelan a la necesidad de democratizar la comunicación o a la de establecer unos lineamientos políticos que garanticen su democratización. Así, se hablará del pluralismo ideológico que deberían reflejar y propiciar dichos medios, de su desconcentración que propicie un federalismo hoy inexistente, de los mecanismos tendientes a evitar la injerencia autoritaria del Estado en el sistema, de su necesaria intervención en cambios para salvaguardar los derechos públicos y el interés general en materia de información (p.94).
En América Latina la tradición previa de medios no comerciales era más extensa y diversa. Ya en 1947 se había iniciado en Colombia la experiencia de alfabetización de Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular (ACPO), impulsada en el ámbito rural por el sacerdote Joaquín Salcedo (Pulleiro, 2012; Jaimes et al, 2014). Pocos años después, bajo el influjo de la Alianza para el Progreso impulsada por Estados Unidos, se promovió en varios países la denominada comunicación para el desarrollo, concebida como estrategia de modernización, especialmente en el ámbito rural (Beltrán, 2005).
Paralelamente, desde Bolivia emergieron en los años cincuenta las radios mineras, que se constituyeron en soportes de luchas políticas y sociales de gran envergadura, profundizadas más tarde por movimientos revolucionarios en Nicaragua y El Salvador, donde las emisoras se convirtieron en la voz de organizaciones que buscaban transformaciones radicales (López Vigil 1985, 1991). En ese mismo proceso cobraron fuerza las escuelas radiofónicas, promovidas por sectores progresistas de la Iglesia católica, que desembocarían en la creación de ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica). Desde allí se impulsó la formación sistemática de comunicadores y radialistas, al tiempo que se gestaba un área de investigación pionera en la producción de conocimiento sobre comunicación popular.
El modelo de la Educación Popular liberadora de Paulo Freire, articulado con la Teoría de la Dependencia y su crítica al desarrollismo al develar las desigualdades estructurales de la región, impregnó las prácticas de organizaciones de base que dieron temprana voz a los sectores populares excluidos del escenario mediático, incluso antes de la aparición de las radios comunitarias en Argentina (Mata, 1982b). En este marco, autores como Mario Kaplún (1973, 1985), Francisco Gutiérrez (1974) y Daniel Prieto Castillo (1979) elaboraron conceptos y teorías que nutrieron y orientaron estas experiencias. Estas producciones, reconocidas como pioneras en la corriente conocida como “pedagogía de la comunicación”, marcaron un tipo de enfoque, vinculado a prácticas de formación presencial y a distancia con actores sociales del territorio, y a los modos de cómo producir sus medios y contenidos propios.
En nuestro país -y el continente- la figura de Marita Mata es central por su rol de articulación entre las prácticas radiofónicas populares y la investigación sistemática de sus procesos comunicativos. En un material de capacitación a distancia producido durante la década de los noventa (Mata, 1995), por ejemplo, señala que la investigación en el marco de las radios populares y latinoamericanas surgió “de abajo hacia arriba”. Relata que junto al reconocido intelectual belga Armand Mattelart -al cual nos referiremos más adelante- estando en Radio Enriquillo de República Dominicana en 1982, pensaron que sería útil estudiar los procesos que venían llevando adelante distintas emisoras con este perfil. Y que debían hacerlo a partir de sus propias realidades y necesidades. En ese documento -de escasa circulación actual- aporta algunas primeras pistas para situar estas prácticas de producción de conocimiento: “la investigación radiofónica es una parte de un mapa más amplio que es la investigación en comunicación. Y ésta, a su vez, forma parte de otro mapa muchísimo más amplio: el de la investigación social” (p. 22). Mata además plantea allí tres definiciones clave de lo que significa este proceso:
1. Investigar es buscar organizadamente respuestas, explicaciones o soluciones a problemas que surgen en una determinada práctica o en un proceso de conocimiento (...)
2. Investigar es identificar o formular problemas de conocimiento y buscar metódicamente respuestas a ellos (...)
3. Investigar es asumir un determinado punto de vista acerca de la realidad y del modo adecuado de conocerla y explicarla. Desde allí formularse preguntas y buscar metódicamente respuestas que resulten aceptables para el punto de vista que se asume. (p. 26, 30, 21)
En estas definiciones encontramos algunas claves para la tarea que encaramos en este artículo. Por un lado, tomar como punto de partida los elementos de la realidad vivida y sentida por los actores sociales en sus dinámicas cotidianas, poniéndolas en diálogo con las preguntas de investigación. En segundo lugar, la necesidad de proponer caminos organizados para alcanzar los objetivos de la producción de nuevos saberes, de modo sistemático y riguroso. Y en tercer lugar, nuestro posicionamiento político: la perspectiva y enfoque que elegimos para investigar, y a la cual debemos volver una y otra vez.
Al momento de clasificar perspectivas y enfoques de investigación sobre comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa, lo primero que aparece es una secuencia histórica cargada de huellas. Desde los debates sobre los desequilibrios informativos y la ausencia de políticas nacionales de comunicación en los años setenta, pasando por las discusiones acerca de la comunicación alternativa en la década del ochenta (Mata, 1982b; Graziano, 1980 y 1988), hasta la explosión de radios comunitarias que marcó esa misma década y la siguiente (Lamas y Lewin, 1995). En los noventa emergió la urgencia de precisar identidades y categorías (Villamayor y Lamas, 1998; Kejval, 2004); en los dos mil, la batalla por la legalidad que culminó con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Jaimes y Busso, 2011; Lazzaro, 2010); y luego, las discusiones en torno a la sostenibilidad, el trabajo en medios comunitarios y la necesidad de políticas públicas de fomento (Segura, 2018 y 2021; Iglesias, 2015; Fontdevila y Gall, 2015).
Pero más allá de esa mirada histórica –imprescindible para comprender el camino recorrido– creemos necesario abrir también otra lectura: la que clasifica los estudios según sus enfoques metodológicos, porque estos atraviesan las distintas etapas y contextos sin quedar atados a un único momento. Los escenarios políticos, las transformaciones sociales y hasta la insuficiencia de métodos anteriores han exigido nuevos enfoques, nuevas formas de mirar y de pensar. Por eso proponemos este doble juego: una lectura que reconozca los anclajes históricos y, al mismo tiempo, una organización por encuadres metodológicos.
Así, podemos señalar la existencia de los siguientes enfoques y perspectivas:
A. Enfoque macro: políticas de comunicación, regulaciones y alternatividad
B. Enfoque comparativo/descriptivo
C. Enfoque de estudio de audiencias
D. Enfoque cualitativo y etnográfico
E. Enfoque mixto: relevamientos cuali-cuantitativos
Desde los años setenta existían en América latina reflexiones sobre comunicación alternativa. En el editorial de la primera edición de una publicación pionera en los estudios del campo, la Revista Comunicación y Cultura (1973), Armand Mattelart y Héctor Schmucler sostenían:
Al manifestar la íntima articulación de la lucha ideológica con las otras instancias del proceso de liberación, una redefinición debe tomar en cuenta la multitud de respuestas que los sectores dominados ofrecen en su práctica cotidiana orientada a resistir el viejo sistema para construir el orden nuevo (...) A partir de esta lucha no exenta de contradicciones, deben emerger los gérmenes de una nueva teoría y una nueva práctica de la comunicación que, en definitiva, se confundirá con un nuevo modo total de producir la vida hasta en los aspectos más íntimos de la cotidianeidad del hombre (p.1).
Así, las incipientes denuncias sobre los procesos de dominación cultural ejercidos a través de los medios masivos ya tenían en su germen la propuesta de crear medios por parte de los sectores oprimidos.
En nuestra región muchas de las propuestas de creación de medios alternativos se dieron en el marco de los debates sobre políticas de comunicación. Entidades como el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) fueron sede de diversos encuentros y producciones periódicas como la Revista Chasqui, que se convirtieron en registro vivo de los debates e impulsos políticos y teóricos. Desde esta publicación, diversos autores conectaron la necesidad de políticas nacionales de comunicación con la emergencia de nuevos sujetos sociales y propusieron el diseño de políticas nacionales de comunicación para generar desarrollo y cambio social -sin que su dirección fuera necesariamente planificada rígidamente y centralizada- en pos de “facilitar la democratización de la comunicación, ampliando los accesos y los cauces de la comunicación alternativa y participatoria”, como bien señala Schenkel (1982, p.84).
Paralelamente a estos pronunciamientos, nos encontramos con la construcción de instituciones que agrupaban a medios educativos y populares. Una de las más antiguas, la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), fundada en 1972, redefinía su marco doctrinario y se proponía:
* Lograr que todos los sectores, en especial los mayoritarios, se expresen por la radio. Que se atrevan a decir su palabra sub-valorada por ese medio de audiencia masiva, al que sólo accedían artistas, estrellas, poderosos y famosos.
* Elaborar una programación teniendo en cuenta la cotidianidad (hábitos, gustos, lenguajes, preocupaciones y alegrías) de la gente de la región cubierta por la radio: profesionales, trabajadores, desempleados, mujeres, jóvenes, niños, etc.
*Trabajar de tal manera que las mayorías sientan que la emisora está abierta a su participación efectiva en la programación.
* No violentar la masividad del medio destinándolo sólo a algunos grupos ya organizados, sino fundamentalmente a toda la población.
Estos elementos clave (expresión de la palabra popular; partir de la cotidianidad de los sujetos; promover la participación y apostar a la masividad del medio radiofónico) serán decisivos a partir de ese momento en la definición de la identidad de las prácticas de comunicación popular. De esta institución, destacamos la creación de un área de investigación propia, de la cual surgirán aportes centrales para el campo.
En Argentina -luego del silencio impuesto por la dictadura militar hasta 1983- los estudios en comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa comenzaron desde un lente macro -enfocado en las políticas de comunicación, en las regulaciones, en las “directrices” más generales- en lo que podríamos identificar como una primera etapa. No es casual que los estudios sistemáticos en el campo surgieran en los albores de la democracia recuperada: la mayoría de las carreras universitarias de comunicación en el país se fundaron en ese contexto, a partir del regreso del exilio de docentes, investigadores, periodistas y trabajadores de la comunicación que no habían podido ejercer su profesión o su militancia política dentro del país.
Señalamos en otro trabajo:
Los estudios de comunicación en Argentina fueron delimitando sus contornos teóricos como emergentes de un contexto político y social signado por el avance de las luchas revolucionarias y de transformación social a nivel latinoamericano y en el denominado Tercer Mundo. De hecho, sus intelectuales fueron militantes políticos y políticas, que debieron exiliarse a raíz de la persecución feroz que desató primero la Triple A1 y luego la dictadura militar iniciada en marzo de 1976. Este exilio no interrumpió el desarrollo de sus investigaciones sino que, por el contrario, impulsó nuevos procesos de producción de conocimiento en el marco de organizaciones nuevas. El Instituto Latinoamericano de Estudios Trasnacionales (ILET) en México, por ejemplo, alojó referentes como Nicolás Casullo, quien se dedicó a dar continuidad a los estudios del campo2 (Jaimes, 2024, p. 80).
Otro ejemplo de este fenómeno de intelectuales argentinos que producen teoría en el exilio es el de Margarita Graziano, quien desde la Universidad Central de Venezuela propone una de las primeras aproximaciones al campo: “Para una definición alternativa de comunicación” (1980), donde señala esta relación entre los debates internacionales y las propuestas de definición teórica:
Toda una gama de la literatura sobre el tema, proveniente fundamentalmente de organismos nacionales e internacionales relacionados con proyectos de desarrollo rural en América Latina ha utilizado indistintamente expresiones tales como ´comunicación participatoria´, ´comunicación alternativa´, ´comunicación horizontal´, entre otros, para denominar experiencias particulares de uso de medios o de producción de mensajes. Es nuestro propósito delimitar aquí conceptualmente cada una de dichas expresiones, ver sus mutuas implicaciones posibles y llegar a la formulación de lo que a nuestro juicio debe entenderse por ´comunicación alternativa´ y de cuál ha de ser su verdadera inserción y su rol fundamental en el seno de nuestra sociedad. (p. 1).
Y agrega:
(...) el interés sistemático por el tema por parte de los investigadores de la comunicación es de data reciente. Aunque arriesgado, quizás no sea ocioso señalar aquí que dicho interés viene a surgir en el marco de la investigación a continuación de un proceso caracterizado en primer término, o en su primera fase, por una toma de conciencia de la estructura del aparato massmediático, en términos de propiedad, control y contenidos, y en su segunda fase, por una también conciencia de las limitaciones de una posible incidencia del sector investigación en los niveles de toma de decisiones en el plano nacional. En otras palabras, el interés por el estudio de los problemas relacionados con las que por ahora genéricamente denominan “alternativas comunicacionales”, podría ser calificado en la práctica como el estadio inmediato posterior a la etapa de auge de las investigaciones destinadas a servir de base a formulaciones en el marco de ´políticas nacionales de comunicación´ (idem).
En el artículo de Graziano se asocia la comunicación alternativa con experiencias de organizaciones de base a través de la comunicación en distintos países latinoamericanos, que destaca por su carácter horizontal y participativo, en oposición a la verticalidad y unidireccionalidad del sistema de medios dominante. Retomando el planteo de la UNESCO de 1976 en su Conferencia de Nairobi, señala que participación implica “el envolvimiento del público en la producción y el manejo de los sistemas de comunicación y también opera en distintos niveles de producción, de toma de decisiones y de planeamiento”. Lo cual ya es una fuerte aproximación teórica y conceptual sobre el campo que nos reúne. Por último, sostiene que “en tanto asumimos que la idea de una comunicación alternativa remite a una estrategia totalizadora, consideramos que la misma no puede ser asumida ni como experiencia parcial ni como objeto de formulación por parte de investigadores aislados, sino como uno de los más importantes aspectos a desarrollar en el seno de una organización política” (idem).
En sintonía con el planteo de Graziano, sobre el final de la dictadura -y luego de avatares diversos, como la mudanza de la revista desde Chile a México- Mattelart y Schmucler reiteraban su interpelación, esta vez impulsando la gestación de:
Una comunicación democrática, una cultura popular, como proyecto de otras relaciones sociales y otra vida cotidiana, debe desplegarse en el seno de organizaciones múltiples con auténtica participación. La democracia no es sólo un problema de instituciones del estado, es un requisito de las organizaciones de la sociedad civil. Sólo si se gestan movimientos democráticos que den cuenta de los plurales intereses de la sociedad y los individuos, podrá construirse un modelo global democrático (Schmucler, Mattelart, 1982, p. 9, 10).
Aportes significativos han surgido también de la mano de Máximo Simpson Grinberg (1981), quien compila -con el apoyo del ILET de México- la obra Comunicación alternativa y cambio social en América Latina. Allí, y en sintonía con el clima de época, reúne textos de autores que refieren a experiencias de distintos países de la región, como Mario Kaplún, Jesús Martín Barbero o Fernando Reyes Matta. El texto define lo alternativo como "todo medio que, en un contexto caracterizado por la existencia de sectores privilegiados que detentan el poder político, económico y cultural (...) implique una opción frente al discurso dominante" (p. 41). En ese contexto, Washington Uranga y José María Pasquini Duran (1988) contribuyeron con un texto emblemático como Precisiones sobre la radio, en el que se puso el foco en derecho a la comunicación, el rol de las radios “libres” y una propuesta de nueva ley de radiodifusión.
Podemos afirmar que esta primera etapa estuvo marcada por una producción intelectual nacional gestada en el exilio, profundamente imbricada en un clima de época regional caracterizado por la tensión entre gobiernos democráticos y dictaduras militares. Estas últimas arrasaban con las estrategias de transformación social en la mayoría de los países, lo que impulsó la necesidad de nuevas formulaciones teóricas enmarcadas en los debates sobre políticas nacionales de comunicación. Ese mismo impulso sería, en nuestro país, motor de la creación de nuevas carreras de Comunicación, cuyas currículas fueron atravesadas por estas discusiones3.
Margarita Graziano profundizó su desarrollo conceptual con una fuerte impronta política y, en sus Directrices generales para una política de comunicación social (1988) señala la importancia de “alentar la creación de nuevos medios —en especial de asociaciones intermedias—, pero garantizándoles mecanismos económicos de apoyo para su instalación y funcionamiento”, lo cual ofrece un antecedente relevante para programas de posterior aplicación, como el FOMECA4. Esta mirada, centrada en los procesos macro, continuaría teniendo presencia en el campo durante las décadas posteriores, a través de estudios orientados al análisis de las políticas y, en particular, de las normativas y regulaciones en el ámbito de la comunicación.
El enfoque teórico-metodológico de esta perspectiva podría definirse como macro-estructural, centrado en el análisis de políticas de comunicación y en la producción conceptual. Se apoya en la revisión documental e interpretativa de debates teóricos surgidos en congresos, artículos de revistas, posicionamientos institucionales y de organismos regionales e internacionales, y se asume que la producción intelectual no está desligada de la militancia política y los procesos sociales, sino que se genera en diálogo y tensión con aquellos.
Podemos agregar que como parte del enfoque macro-estructural encontramos también los trabajos de la denominada Economía Política de la Comunicación. Esta corriente de estudios se enfocó -desde hace al menos cuatro décadas- en la estructura de propiedad del sistema mediático comercial y público/ gubernamental (sus referentes en Argentina son, entre otros, Guillermo Mastrini, Martín Becerra, Daniela Monje y Glenn Postolski). En los últimos años, y especialmente en el contexto de debate, sanción e implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina, y las nuevas regulaciones de los sistema de medios en otros países latinoamericanos, algunos textos se dedicaron a estudiar el sector de los medios comunitarios y populares para analizar la estructura de propiedad (Segura, 2021), legislación y políticas públicas específicas del sector, con avances y retrocesos según los avatares políticos del país (Loreti, De Charras, Lozano y Baladrón, 2020).
En el último lustro, además, se expresó con mayor notoriedad la preocupación por el modo en que este sector es especialmente desafiado en el contexto de la convergencia tecnológica y la plataformización, habida cuenta de la creciente exclusión que la falta de acceso a las tecnologías digitales produce (Monje, 2021; Vinelli y Suárez, 2023). El escenario de plataformización involucra incluso redefiniciones en cuanto a las categorías de lo comunitario y el territorio, propias del marco conceptual de la comunicación alternativa y popular. La emergencia de un sector comunitario y alternativo de medios nativos digitales expresa parte de la complejidad actual del sector, aunque el abordaje teórico y metodológico aún es incipiente.
A diferencia de las perspectivas que presentaremos a continuación, los textos comentados hasta aquí se basan principalmente en el análisis documental y la producción intelectual de categorías y matrices de interpretación. Trabajos actuales continúan reflexionando en clave teórica respecto de la alternatividad, como es el caso de Comunicación Popular y Alternativa. Una revisión dialogada, de Villamayor y Vinelli (2023), que incluye autoras de perfiles diversos.
1Alianza Anticomunista Argentina (AAA), grupo paraestatal que ejerció la violencia política armada durante el gobierno de Isabel Perón (1974-1976) y fue el antecedente inmediato de la represión desatada durante la dictadura militar (1976-1983).
2 Las historias de investigadores en comunicación que desarrollan una intensa labor en el exilio son numerosas. Para nuestro trabajo es clave la experiencia de María Cristina Mata, referente central en los estudios sobre comunicación popular, que migró desde la provincia de Córdoba a Perú y se sumó al equipo del Centro Ecuménico Latinoamericano de Educación Popular (CELADEC) desde donde desarrolló una intensa práctica de reflexión sobre estas cuestiones, además de participar en experiencias del campo. Estos trabajos y muchos posteriores se compilaron en el libro Indisciplinada (Mata, 2023).
3También del desarrollo de estrategias de formación como las referenciadas en La Crujía, una institución de raíz católica fundada a fines de la década del setenta, que se dedicó a la investigación sobre comunicación alternativa y popular y fue espacio de contención para pedagogos, catequistas y comunicadores durante la dictadura militar. Con la democracia se expandió con talleres y cursos de formación profesional y más tarde como editorial y librería especializada en comunicación.
4Fondo de Fomento para Medios de Comunicación Comunitarios y de Pueblos Originarios, creado en 2013 en el marco de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522.
Una segunda etapa se abre con la explosión de nuevos medios hacia fines de los años ochenta y comienzos de los noventa en Argentina. En este período, los trabajos de investigación comienzan a enfocarse en las características propias de estas experiencias, en sus debates conceptuales y en las disputas por su denominación. También adquieren centralidad las formas de organización en redes y federaciones, junto con un eje fundamental: la creciente demanda por el reconocimiento legal de estos medios.
Nuevamente los trabajos de María Cristina Mata se destacan aquí por la profundidad de sus reflexiones, las posiciones desde las que eligió investigar y la riqueza de sus métodos. Supo articular la investigación académica con el trabajo colectivo junto a redes como FARCO, ALER y AMARC, construyendo conocimiento desde y con los actores que protagonizan estas experiencias. A través de una diversidad de técnicas y enfoques, sus estudios dieron cuenta de procesos concretos de desarrollo de las emisoras en contextos múltiples y complejos. De este modo, su aporte no sólo iluminó el campo desde la teoría, sino que lo fortaleció como práctica transformadora, otorgándole legitimidad y sentido histórico. Mata se destacó también como la principal referente académica en la Argentina en llevar estos conceptos y debates a los espacios institucionalizados de la disciplina: congresos, publicaciones y planes de estudio. De este modo, abrió un lugar propio para la comunicación popular en el campo académico, legitimando un área de reflexión y práctica que hasta entonces se encontraba en los márgenes.
En la misma línea, y en pos de recuperar la matriz organizativa de esos colectivos comunicacionales, encontramos el texto “Desarrollo de la radiodifusión comunitaria en Argentina” de Giordano (1991). El autor propone allí una mirada histórico-política y estructural, en la que reconstruye los procesos del sector en diálogo con los contextos regulatorios y las transformaciones sociales, mostrando cómo el marco legal excluyó a los medios sin fines de lucro durante décadas. Su análisis subraya el papel de las radios comunitarias como actores de disputa frente al sistema comercial y estatal, y como espacios de democratización comunicacional. El autor se detiene en el rol de las redes y federaciones (como FARCO y AMARC), entendidas como motores de organización y de incidencia en políticas públicas. Reconoce también el carácter socio-cultural de estas emisoras, que no solo producen mensajes, sino identidades y participación comunitaria. Es un tipo de trabajo que encontraremos con frecuencia a lo largo de toda la historia de estudios sobre el movimiento de radios comunitarias argentinas.
Un material poco conocido, publicado internamente entre las redes FARCO y ALER, por ejemplo, es el documento “Aproximación a la realidad de las radios comunitarias argentinas”, de María Cristina Mata y Javier Cristiano (1995). De carácter descriptivo, presenta información sistematizada de 23 radios del país, obtenida a través de una encuesta. Constituye uno de los primeros trabajos de carácter empírico realizado en el país, que aportó datos sobre aspectos como la producción de contenidos, el financiamiento, las prácticas de formación, entre otros.
En un intento de aproximación teórico-conceptual desde las prácticas, en 1995 Ernesto Lamas y Hugo Lewin plantean en la Revista Causas y Azares5la noción de “radios de nuevo tipo”, y elaboran una serie de definiciones acerca de las diferencias que presentan esta clase de emisoras con respecto a las comerciales y las estatales, explicando las razones del surgimiento de este tipo de medios en perspectiva histórica. Se proponen problematizar -desde la óptica de su experiencia particular- los modos de hacer de las radios, de llevar a la práctica sus proyectos, de sostenerlos económicamente, de diferenciarse dentro del mercado radiofónico para lograr resultados positivos en términos de audiencia. También se explicitan las distintas corrientes que confluyen en el concepto de “radio comunitaria” tales como radio popular, radio alternativa, radio libre, entre otras. Los autores producen este texto en tanto “sujetos y objetos de estudio” -según sus propios términos- a partir de su pertenencia a FM La Tribu y a la Asociación Mundial de Radios Comunitarias -además de su rol como docentes en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires-. El carácter del estudio es clasificatorio, en tanto busca establecer con mayor precisión el sentido de las prácticas de las radios comunitarias y diferenciar a estas emisoras de las comerciales y estatales. Su aporte central radica en articular la mirada histórica, conceptual y práctica desde la propia experiencia militante y comunicacional, lo que le otorga un carácter híbrido: a la vez académico, político y testimonial.
El mismo año, también en el marco de la carrera de Ciencias de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, Carlos Rodríguez Esperón produce su tesina de grado “Radios Comunitarias: una propuesta de definición”, material valioso por cómo da cuenta de los debates, las tensiones y las contradicciones de las radios comunitarias argentinas, especialmente las asociadas a FARCO -que aún era una “Federación”- y estaba intentando dar sus primeros pasos en un camino de definiciones. Respecto de esto último, recupera variables clave de identificación y clasificación de una radio comunitaria, entre las cuales aparecen el tipo de financiamiento y administración, y otros conceptos como “participación” y “comunidad” . El material ofrece un amplio panorama teórico sobre lo que denomina genéricamente “radios libres” pero también sobre la noción de “comunicación alternativa”, no sólo en nuestro país sino en Latinoamérica y el mundo, registrando también allí los diferentes posicionamientos conceptuales que se dan en los años ochenta e inicios de los noventa. El trabajo de Rodríguez Esperón puede caracterizarse como un estudio exploratorio y descriptivo, con una fuerte base teórica y documental. Por eso, el estudio abre camino en un campo poco sistematizado, recuperando debates, tensiones y contradicciones que atravesaban a las emisoras de entonces. Más que comprobar hipótesis, el trabajo busca mapear posiciones y ofrecer definiciones en un campo en disputa, con un énfasis en la revisión teórica y la sistematización de antecedentes. En síntesis, puede leerse como un estudio documental, cualitativo y conceptual, orientado a la construcción de categorías y a la comprensión de los procesos históricos y políticos de la comunicación popular en los años ochenta y noventa.
Desde la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, en tanto, María Clara Busso (2003) realiza una investigación exploratoria centrada en las radios comunitarias y populares nucleadas en FARCO6, combinando encuestas, entrevistas y observación directa a sus emisoras entre noviembre de 2002 y febrero de 2003. El estudio se orienta a describir y analizar las características estructurales de las radios —su historia, prácticas comunicacionales, sentidos educativos y nociones simbólicas— a través de la voz de sus propios actores. Se plantea como un punto de partida teórico-práctico, ya que reconoce la escasez de literatura local acerca de esta realidad y busca aportar al debate propio del país. El trabajo también asume una dimensión política clara, promoviendo la visibilización de estas radios como eje para impulsar una radiodifusión más democrática. El enfoque es cualitativo-descriptivo, con evidentes implicaciones tanto académicas como organizativas: releva las pertenencias institucionales, prácticas comunitarias, formas de participación social, así como los desafíos legales que afectan a estas emisoras sin licencia legal consolidada. En definitiva, se trata de un estudio empírico, contextualizado y político, que busca sistematizar desde dentro una realidad que hasta entonces había sido poco documentada en Argentina.
Unos años más tarde, Larisa Kejval realiza un estudio similar que se publica en su libro Truchas (2009). Los proyectos político-comunicativos de las radios comunitarias y populares, donde aborda a este tipo de medios como objeto de estudio7. Señala allí la inexistencia de definiciones consensuadas respecto de cómo caracterizar estas experiencias -”comunitaria”, “alternativa”, “popular”- las cuales surgen desde la práctica misma y no desde modelos ideales por fuera de ésta. También analiza distintos casos del país -siete en total, de regiones, características y procedencias diversas8- a partir de una serie de variables orientadoras de sus procesos políticos y comunicacionales, entre las cuales destaca cuatro: político-cultural; comunicacional; económica; organizacional, retomando este modelo de Villamayor y Lamas (1998)9. Puede caracterizarse como un estudio cualitativo, descriptivo y comparativo con base empírica; a diferencia de la tesina de Rodríguez Esperón, no se limita a la revisión teórica sino que incorpora el análisis de casos concretos de radios comunitarias y populares en distintas regiones del país. El enfoque es descriptivo porque busca identificar, organizar y caracterizar variables que permiten comprender los procesos de estos medios. A la vez, es comparativo, ya que Kejval estudia siete experiencias diversas y las contrasta a partir de un conjunto de dimensiones analíticas. Su aporte central es ofrecer una mirada situada y plural de las radios comunitarias y populares argentinas, atendiendo a la diversidad de experiencias y a los modos en que éstas producen sus propios sentidos y definiciones.
El tipo de trabajos mencionados da cuenta de análisis comparativos que resultan pertinentes para profundizar en aspectos conceptuales e identitarios de los medios del sector sin fines de lucro -radios comunitarias y populares específicamente-, como así también su relación con los contextos históricos, políticos y sociales en los cuales emergen. Dan cuenta, asimismo, de los debates internos del sector, y de quienes se ocupan de estas prácticas como objeto de estudio en el marco del campo de la comunicación social. Permiten además, analizados desde una perspectiva actual, reconocer los avances logrados, las tensiones que permanecen, y los debates que se destacan en cada etapa. Como parte del mismo campo de estudios, abordajes como los de Navarro Nicoletti y Rodríguez Marino (2018) proponen indagar en los diversos enfoques conceptuales del sector -comunitario, popular, alternativo- aunque desde una perspectiva teórico-conceptual, no anclada en una metodología de trabajo de campo con los propios actores sociales.
Vinculados con los estudios empíricos de carácter comparativo mencionados, encontramos antecedentes relevantes en documentos que analizan la situación de emisoras comunitarias en contextos más amplios y de mayor volumen. La particularidad, en este caso, es que se trata de investigaciones impulsadas desde una motivación institucional, surgida de la necesidad de revisar las prácticas del sector en momentos clave de su desarrollo, con el propósito de reorientarlas estratégicamente. El primero es La radio popular frente al nuevo siglo. Estudio de vigencia e incidencia de Geerts y Van Oeyen (2001), resultado de un “mega estudio” coordinado por ALER. La investigación involucró entrevistas a unas mil personas en doce países -incluido Argentina-, a través de un equipo de más de cien investigadores e investigadoras. Allí se realizó un análisis profundo del papel de estas emisoras en un escenario atravesado por el neoliberalismo y por transformaciones tecnológicas, políticas y sociales. El trabajo no se limitó a describir, sino que buscó relacionar los proyectos con sus realidades locales, analizar la articulación con otros actores sociales y abrir la posibilidad de construir estrategias de cambio. Puede caracterizarse como una investigación comparativa, empírica y de gran escala, con fuerte anclaje institucional y político, que combina metodologías cualitativas y cuantitativas y aporta insumos estratégicos para el movimiento regional. El segundo antecedente es La práctica inspira (Geerts, Villamayor y Van Oeyen, 2004), publicado conjuntamente por ALER y AMARC. Este estudio se enmarca en la lógica de la investigación-acción y recoge 25 experiencias de todo el continente con el propósito de mostrar sus logros y aprendizajes. A diferencia del anterior, no se orienta tanto al análisis crítico de los problemas como al relato de experiencias y la difusión de “buenas prácticas”. En palabras de los propios autores, se trata de iluminar, sugerir, animar y mostrar que es posible avanzar, ofreciendo ejemplos concretos sobre programación, organización interna, investigación y sostenibilidad económica. Así, el énfasis está puesto en transmitir la riqueza de las prácticas como fuentes de inspiración para el sector.
5 Publicación gráfica en formato libro realizada por docentes, graduados y estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la UBA entre 1994 y 1997. Está disponible el archivo completo en el sitio del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA): https://ahira.com.ar/revistas/causas-y-azares/
6 Hasta 1995, FARCO se reconocía como Federación, con la idea inicial de agrupar asociaciones regionales y ser una entidad de tercer grado. En agosto de ese año modifica su denominación a Foro Argentino de Radios Comunitarias, de carácter nacional -segundo grado-. En 1998 obtiene su personería jurídica, con la cual funciona hasta la actualidad. Mientras se escribe este texto, la red cumple 30 años; sus autores somos parte de emisoras socias, y parte de su Mesa Nacional y Equipo de Trabajo.
7 El trabajo de campo fue realizado entre 2003 y 2004, según afirma la autora, e intenta abordar los procesos construidos entre el surgimiento de las primeras radios comunitarias desde 1987 y hasta el contexto de la crisis de 2001.
8 FM Alas (El Bolsón, Río Negro); FM Bajo Flores (CABA); FM de la Calle (Bahía Blanca, Buenos Aires); FM En Tránsito (Castelar, Buenos Aires); FM Sur (Córdoba); Radio Revés (Córdoba); Radio La Colifata (CABA).
9Nos referimos al Manual de Gestión de la Radio Comunitaria y Ciudadana, de gran repercusión en Argentina y América Latina, editado por AMARC y la Fundación Friedrich Ebert.
Un enfoque especialmente relevante dentro de los estudios sobre comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa es el de las investigaciones de audiencia. Surgidos en el marco del equipo de investigación de ALER, coordinado por María Cristina Mata, estos trabajos produjeron conocimiento empírico valioso sobre la relación de las emisoras con sus públicos.
Un ejemplo destacado es el de Radio Encuentro de Viedma (provincia de Río Negro), que llevó adelante estudios de audiencia en 1996 y 2002. En este último año, mediante un convenio con la Universidad Nacional del Comahue y ALER, se aplicaron 380 encuestas a personas mayores de 13 años, segmentadas por zonas geográficas y nivel socioeconómico. Los resultados arrojaron información clave: desde las edades predominantes de la audiencia y los usos de la radio en la vida cotidiana, hasta los hábitos de consumo de información local y nacional.
Dentro del mismo proceso de indagación sobre audiencias, también participó el Instituto de Cultura Popular (INCUPO), que desarrolló un estudio con enfoque regional, ampliando así la mirada sobre las audiencias de las radios comunitarias en el país y su inserción en los territorios. Esta organización, fundadora de ALER e integrante de FARCO, es un centro de producción y formación que produce programas de radio en distintas regiones del Norte argentino: por lo tanto en este estudio se analizó su influencia regional, y no sólo a través de una emisora como en otros casos.
Otra investigación en audiencias a destacar -más cercana en el tiempo- es la realizada desde el Programa de Estudios sobre Comunicación y Ciudadanía del Centro de Estudios Avanzados de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (Morales, 2019), con financiamiento de la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación. Se trabajó allí con cuatro radios comunitarias del Gran Córdoba (Nativa de Unquillo, Tortuga de Alta Gracia, Villanos de Villa Carlos Paz e Inédita de Cosquín, todas socias de FARCO), combinando estudios cuantitativos y cualitativos. Los equipos de las emisoras participaron activamente en todo el proceso de investigación; como resultados, se hallaron niveles significativos de audiencias de estas radios, específicamente vinculados a la información local. A su vez, permitió a las radios valorizar y fortalecer sus acciones de vinculación con organizaciones de sus territorios.
En esta misma línea se inscribe el trabajo de Ávila Huidobro y Kejval (2017), desarrollado en la Universidad Nacional de Avellaneda. La investigación, de carácter cuantitativo, se realizó en 2014 en las emisoras Radio Gráfica y FM Riachuelo, ubicadas en los barrios de Barracas y La Boca (Ciudad de Buenos Aires), a partir de la aplicación de 500 encuestas. Según sus autores, el estudio estuvo orientado a relevar los consumos y preferencias mediáticas de las poblaciones donde estas radios se insertan territorialmente, indagar en el nivel de conocimiento que los habitantes tenían de dichas emisoras y, a la vez, identificar el número y perfil de sus oyentes. El propósito declarado fue “generar conocimiento útil para que las propias radios pudieran profundizar o problematizar sus estrategias de comunicación y visibilidad en el espacio público, a partir de decisiones político-comunicacionales propias” (p. 39). Con financiamiento de la SPU —al igual que el estudio cordobés mencionado anteriormente— esta iniciativa buscó también resignificar las prácticas de extensión universitaria en relación con los actores sociales del campo de la comunicación, fortaleciendo los vínculos entre academia y territorio.
Los estudios de audiencia en radios comunitarias aportan un enfoque empírico y situado, combinando encuestas y metodologías mixtas. Además de producir datos clave, han buscado generar insumos estratégicos para fortalecer los procesos de comunicación de los propios medios, sus estrategias de incidencia a través de producciones periodísticas, y fortalecer los vínculos entre universidad, territorio y organizaciones sociales. Por el volumen de trabajo que implican, suelen ser complejos de realizar por un/a investigador/a en forma individual, requiriendo de equipos amplios para el diseño de las muestras, la coordinación de quienes llevan adelante las entrevistas o encuestas, y su posterior sistematización.
La metodología cualitativa es un enfoque central en numerosos trabajos de investigación dentro del campo de la comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa. Se sostiene en testimonios, relatos orales y entrevistas con integrantes de las emisoras, construyendo conocimiento a partir de esas voces y experiencias. Desde estas representaciones se elaboran categorías conceptuales en un proceso inductivo, que parte de las prácticas concretas para arribar a marcos teóricos más amplios. Su premisa es la interpretación de las prácticas sociales considerando los sentidos que los propios actores les atribuyen en su dinámica cotidiana. En este marco, resulta clave la participación del sujeto investigador en las prácticas que busca analizar, describir e interpretar10.
La epistemóloga Irene Vasilachis señala que “la investigación cualitativa se interesa por la vida de las personas, por sus perspectivas subjetivas, por sus historias, comportamientos, experiencias, interacciones y sentidos, e interpreta todos ellos de forma situada, es decir, ubicándolos en el contexto particular en que ocurren. Trata de comprender dichos contextos y sus procesos, y de explicarlos recurriendo a la causalidad local” (2006, p.33). En la misma línea, Flick advierte que “la investigación se ve forzada cada vez más a hacer uso de estrategias inductivas: en lugar de partir de teorías y comprobarlas, se requieren ‘conceptos sensibilizadores’ para enfocar los contextos que deben estudiarse” (2004, p.16).
Como aporte central al campo de la comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa, la investigadora entrerriana Patricia Fasano recupera el enfoque etnográfico y subraya que la producción de conocimiento en este tipo de investigaciones “no es fruto directo de la contrastación de hipótesis teóricas elaboradas en el laboratorio, ni constituye la extrapolación inmediata de la lógica del sentido común de los agentes, sino que es producto del trabajo de campo como elaboración reflexiva y dialógica” (2015, p.4). La autora considera, además, que este enfoque resulta el más pertinente para analizar las prácticas de comunicación comunitaria y popular, dado que “la práctica de la investigación en estas experiencias requiere una herramienta metodológica altamente sensible y con capacidad de escucha de toda la expresividad social, como es el registro etnográfico” (2015, p.7). Su trayectoria se destaca especialmente en el marco del Área de Comunicación Comunitaria de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, donde ha trabajado en diálogo con diversos actores territoriales. Entre sus aportes más significativos sobresale su investigación sobre la FM Comunitaria Doña Munda, de la ciudad de Paraná, que constituye un ejemplo concreto de cómo la etnografía puede iluminar los sentidos y las dinámicas de las experiencias comunicacionales de base.
Esta perspectiva ha orientado especialmente los estudios de comunicación de sectores campesinos y pueblos indígenas. Como bien lo ha señalado Magdalena Doyle (2016) existen en Argentina una serie de trabajos que abordan los procesos de comunicación de los pueblos originarios. Algunos de ellos se han dedicado a analizar la participación de sus organizaciones en la lucha por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, especialmente en su demanda por el reconocimiento del derecho a la comunicación de los pueblos y la construcción de sus proyectos político-comunicacionales.
La apuesta de estos abordajes de enfoque etnográfico es indagar y teorizar sobre experiencias, procesos, productos y usos mediáticos como partes complejas de una determinada realidad social, buscando localizar el sentido y el valor de esos medios de una manera más difusa que directa y causal (...) “Y ello implica abordar tanto los significados y prácticas cotidianas de las comunidades y los contextos en los que se inscriben los textos mediáticos, como la producción de los medios; buscando los caminos analíticos que permitan encontrar la forma de interrelacionar estos nodos de la “vida social” de un medio. (Abu-Lughod, 2006).
Ramón Burgos, Emilia Villagra y Ana Müller (2016) y Liliana Lizondo (2015), dan cuenta de experiencias significativas en este campo, especialmente en los territorios de las provincias de Salta y Jujuy. En el marco de esta perspectiva se aplican técnicas propias de la antropología, como la observación participante y no participante, y la entrevista en profundidad -no estructurada-, consideradas herramientas apropiadas para dar cuenta de estos procesos históricos y de reconocimiento de la identidad originaria (Doyle y Lizondo, 2024).
La investigación cualitativa resulta apropiada también para la indagación en las prácticas educativas, de expresión y de formación de infancias y juventudes. Así, encontramos investigaciones que, mediante estrategias de trabajo de campo vivenciales en el seno de organizaciones y medios de comunicación popular y comunitaria, interrogan los sentidos que estos sujetos individuales y colectivos asignan a su participación en estos ámbitos. Reconocemos así trabajos como los de Cabral y Jaimes (2010); Poliszuk (2015); Jaimes (2003, 2020), Fontdevila (2024), que dan cuenta del rol activo de niños, niñas y jóvenes en la gestación de procesos comunicativos.
Si entendemos al enfoque cualitativo en sentido amplio, reconocemos también los estudios de caso que se proponen dar cuenta de experiencias concretas de construcción de proyectos de radios comunitarias. Así, encontramos trabajos como los de Cabral (2004) sobre Radio Encuentro de Viedma, Río Negro; el de Ascolese, Dips, Morzilli (2009) sobre Radio Gráfica, de la Ciudad de Buenos Aires, Boido (2014) sobre la trayectoria de Radio Villanos de Villa Carlos Paz, Córdoba, y los trabajos de Fontdevila sobre FM Raco, de Raco, Tucumán (2024) y Cherchyk sobre Radio El Grito, de Córdoba (2018).11
Son para destacar también las producciones realizadas en clave de memorias por parte de los equipos de gestión de las propias radios, generalmente asociados a un aniversario o hito histórico significativo. Encontramos material de sistematización de la experiencia en casos como el de “La Tribu. Comunicación Alternativa” (1999), de CABA; “Retumba” (2012), de FM En Tránsito de Castelar, provincia de Buenos Aires; “Micrófonos para el pueblo” (2014), de FM Bajo Flores, CABA; “30 años de comunicación popular” (2021) de Radio Encuentro de Viedma, Río Negro. “Una estación en movimiento” (2023), de Radio Estación Sur de La Plata, provincia de Buenos Aires y “Frecuencia Zero. Una cuña en la comunicación” de la radio Frecuencia Zero, de CABA, entre otras.12
10Si bien esta perspectiva atraviesa alguno de los enfoques ya mencionados, consideramos que requiere de una descripción específica para darle mayor relevancia y especificidad.
11 Estos dos últimos corresponden a Trabajos Finales Integradores de la Tecnicatura Universitaria en Gestión de Medios Comunitarios de la Universidad Nacional de Quilmes.
12En el mismo sentido destacamos, aunque algunos de los materiales ya han sido señalados, que es significativo que las redes de radios comunitarias hayan producido materiales como “Todas las voces Todos (2010)”, “La cocina de la Ley (2011)”, “Manual de estilo (2014)”, “Señales de comunidad” (2021)”, “Cada radio es un mundo (2023)” y “FARCOOP: Un juego para que te coopes” (2024) de FARCO; “Manual de capacitación en radio popular de ALER (2013), “Del micrófono a la calle (2021)” de FARCO y ALER y el de “Gestión de la radio comunitaria y ciudadana. Un manual de trabajo para radialistas apasionados" (1999).
Al considerar los estudios de mayor amplitud, resulta ineludible referirse al Relevamiento de los servicios de comunicación audiovisual comunitarios, populares, cooperativos y de pueblos originarios en Argentina, realizado por la Red Interuniversitaria de Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular (RICCAP) y publicado en 2018. Con la participación de investigadores de once universidades públicas, se constituye como uno de los abordajes más completos del campo. El estudio combinó enfoques cuantitativos —cantidad de medios, localización geográfica, características tecnológicas— con un abordaje cualitativo orientado a indagar en los contextos de creación, las formas de identificación, la cobertura legal, la configuración organizacional y laboral, la afiliación a redes, los vínculos con universidades y el acceso a políticas públicas.13
Otro caso es el del proyecto Hacer Radios Cooperativas, gestionado conjuntamente entre FARCO, la Universidad Nacional de Quilmes y el Instituto de Educación Cooperativa (IDELCOOP), con fondos de la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación (SPU), por ejemplo, se realizó un mapeo de experiencias de este tipo en todo el país, relevando 24 casos (Jaimes, Villamayor e Iglesias, 2019).
En la misma línea, pero ya en contexto de pandemia, se destaca por su volumen el proyecto Las radios y la continuidad educativa en el contexto de aislamiento social (dirigido por Claudia Villamayor entre 2021 y 2022, publicado en 2023 con el título “Nos mueve el aire”). Esta investigación amplió la mirada al incluir radios comunitarias, educativas, universitarias, públicas e indígenas, combinando técnicas cuantitativas (entrevistas cerradas) y cualitativas (entrevistas semiestructuradas y grupos de discusión). El estudio aportó información clave sobre el papel de los medios sin fines de lucro en el marco del Covid-19, visibilizando su aporte en la producción de contenidos públicos, la generación de programas conjuntos con instituciones educativas, la valoración de sus audiencias y los desafíos que enfrentó la tarea docente en relación con el uso de los medios.
En conjunto, estos trabajos —mayoritariamente realizados a partir del nuevo siglo— renovaron la apuesta de investigación y producción de conocimiento en el campo de las radios comunitarias y populares. Generaron datos imprescindibles para comprender la organización interna del sector, sus dimensiones económicas, identitarias, de participación y de articulación en redes. A la vez, permiten comparar históricamente los avances y transformaciones logrados, actualizando su desarrollo en el plano político y comunicativo tanto desde la mirada cuantitativa como cualitativa.
13 Como aporte complementario al conocimiento producido por RICCAP, la tesina de licenciatura de Lucas Spigariol (2021) consistió en la generación de un mapa digital de medios comunitarios populares, alternativos, cooperativos y de pueblos originarios en Argentina y sus redes.
El recorrido realizado muestra cómo la investigación en comunicación popular, comunitaria, alternativa y educativa en Argentina ha transitado un camino de consolidación y diversificación metodológica. Desde los debates iniciales sobre políticas de comunicación y comunicación alternativa en los años setenta y ochenta, hasta los estudios comparativos regionales promovidos por ALER y AMARC, el campo fue ampliando su densidad conceptual y política.
Las perspectivas cualitativas y etnográficas mostraron que las categorías de análisis emergen de las prácticas mismas, de modo inductivo, desde las voces y sentidos construidos en la vida cotidiana de las comunidades y sus emisoras. Al mismo tiempo, los estudios cuantitativos y de gran escala permitieron trazar un mapa amplio del sector: cuántos medios existen, cómo se organizan, qué vínculos establecen con las audiencias, con las universidades y con otras instituciones, en distintos contextos históricos.
Observamos también que buena parte de la producción de conocimientos proviene de los colectivos y organizaciones que gestionan medios, que buscan registrar su propia experiencia y plasmarla en publicaciones que materialicen ese recorrido. Estas iniciativas expresan un modo de producir conocimiento coherente con la identidad del campo: leer, interpretar y sistematizar las prácticas desde una perspectiva propia.
Se destaca en este recorrido la doble pertenencia de algunos y algunas referentes de radios comunitarias al ámbito académico universitario y el activismo en redes interinstitucionales que se proponen fortalecer a los medios sin fines de lucro y producir saberes situados. Esta multiplicidad enriquece las miradas de los distintos ámbitos, las vincula, las pone en relación, y abre nuevos espacios de intersección.
En suma, este cuerpo de estudios no sólo documenta la trayectoria y transformaciones de las radios populares y comunitarias, sino que constituye un aporte decisivo a la democratización de la comunicación, consolidando al campo como espacio legítimo de producción académica y de incidencia política.
Si resulta insuficiente para comprender la compleja trama de prácticas y teorizaciones el análisis exclusivamente estructural o macro, también lo es la descripción de experiencias que no logren referenciar el contexto político y social en que se inscriben. Consideramos que el campo ha sido capaz de articular ambas perspectivas para producir un conocimiento que da cuenta de una praxis transformadora.
Para cerrar, diremos que este artículo fue motivado por la necesidad de seguir consolidando un campo de estudios que, tras décadas de esfuerzo colectivo, logró abrirse un lugar de relevancia en la comunidad académica. Estas prácticas sociales –nacidas en comunidades, territorios y organizaciones– no son sólo experiencias de comunicación: son productoras de saberes, de conocimientos que brotan de la vida cotidiana y que alimentan la formación de nuevas generaciones de activistas, militantes, trabajadores/as y profesionales. Estas perspectivas, metodologías y enfoques son, en definitiva, herramientas vivas de intervención, capaces de fortalecer y dar sentido a las prácticas de quienes las asumen con espíritu crítico y reflexivo. Esperamos que el itinerario propuesto sea inspirador e impulse a nuevas generaciones de investigadores/as a continuarlo.
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