Velasco, Luis (2023). Fascismo de ultramar. El Falangismo español en el Río de la Plata, 1936-1943. Buenos Aires: Editorial Biblos. Primera edición. 258 páginas. ISBN 978-987-814-128-2
Facundo FontanellaEn el marco de una avanzada de gobiernos de extrema derecha a nivel mundial, no resulta inapropiado preguntarse por la construcción de las experiencias de extrema derecha históricas del pasado, tanto locales como extranjeras. En ese sentido, el libro de Luis Velasco sobre el papel de Falange Española, su surgimiento y sus figuras más prominentes en el espacio rioplatense es un aporte valioso al estudio de los movimientos fascistas, de los procesos de fascistización y su importación al espacio latinoamericano.
El libro se estructura en diez capítulos. En los primeros tres se reconstruye el vínculo entre el nacionalismo argentino y el fascismo en la década de 1930, el impacto de la guerra civil y del franquismo en las sociedades argentina y uruguaya y el papel cumplido por el Servicio Exterior de Falange durante la Guerra Civil teniendo a Hispanoamérica como objetivo. Hacia la mitad del trabajo hay un capítulo especial dedicado a desarrollar el concepto de Hispanidad en relación con América, en tanto posible extensión de España con tintes imperialistas; se pasa posteriormente al análisis de los casos argentino (capítulos 6 y 7) y uruguayo (capítulos 8 y 9) y para el final, se indaga en las consideraciones de los sectores católicos y conservadores sobre el falangismo y, por último, en el ocaso de las actividades de la agrupación, ya promediando la década del ’40.
A la fecha, estudios como el de Payne (1985) sobre la experiencia fascista española son inaccesibles, merced a las lógicas del mercado editorial. Estudios que por otra parte, se concentran en el desarrollo peninsular de Falange. Obras como Las Derechas, de Sandra McGee-Deutsch (2003), si bien se enfocan en el surgimiento de las extremas derechas nativas de Argentina, Brasil y Chile entre fines del s. XIX y la primera mitad del s. XX, excluyen el armado local de los movimientos fascistas europeos de su tiempo. Sin embargo, en la última década, Falange se vuelve a constituir en objeto de estudio para la academia, en parte, como expresión del interés de las ciencias sociales por la situación actual de los nuevos experimentos de extrema derecha a nivel mundial. Prueba de ello son trabajos como el de Furman (2014) sobre la Alianza Libertadora Nacionalista y sus vínculos con Falange, el de Padrón (2017) sobre la formación de Tacuara y la influencia de Falange, o el de Lvovich (2022), que se concentra en el espionaje realizado por la inteligencia norteamericana contra Falange de Argentina en la década de 1940. De alguna manera ha resurgido el interés por la experiencia del fascismo español y sus vinculaciones con formaciones políticas de extrema derecha autóctonas, pero el libro de Velasco marca una diferencia profunda al realizar la historia de sus redes de sociabilidad locales, sus órganos de prensa en el espacio rioplatense y su organización interna. El trabajo de archivo con documentos disponibles en Francia, España, Argentina y Uruguay ha sido minucioso y permite ver hasta qué punto existe documentación disponible en organismos del estado, así como también en los archivos privados que consultó el autor.
Los objetivos de Velasco, al estudiar el desarrollo de Falange Española en el espacio rioplatense, se fundamentan en explicar lo específico del aporte español al surgimiento del fascismo (pero considerando a España como una pieza más de un contexto global que se corresponde con el de la Europa de entreguerras) y cómo fue influyente en esta parte de Sudamérica, y por otro lado, estudiar los procesos de fascistización a partir del análisis de una organización política, sus cuadros y sus militantes. En ese sentido, la hipótesis central apunta a considerar al nacionalismo español en su vertiente fascista como un elemento expansivo al interior de las comunidades españolas en el exterior, que tuvo un impacto especial en el desarrollo de propuestas nacionalistas, sobre todo en Argentina.
A partir de la constitución de un corpus de material teórico que repasa textos historiográficos que analizan los procesos de fascistización en las comunidades alemanas e italianas de América y de trabajos que indagan en la guerra civil española desde el exterior, junto a obras que estudian la vocación imperialista del fascismo español, se procede a la exploración de fuentes primarias de la diplomacia y de archivos públicos y privados tanto de Argentina como de Uruguay, así como de publicaciones de propaganda falangistas editadas en los dos países durante el período comprendido entre los años 1936 y 1943, cuando Falange se fundó y funcionó activamente en el espacio rioplatense. Los archivos con documentación más relevante, en ese sentido, son los de la Delegación Nacional del Servicio Exterior de Falange y los archivos de las cancillerías española, argentina y uruguaya, junto a otros pertenecientes a agrupaciones políticas y a particulares. La avanzada de las extremas derechas siempre se practica a partir de profusos movimientos de la diplomacia internacional, como podemos ver también en el presente (con lo cual, la idea de una nueva “internacional de las derechas” no parece algo novedoso, pero sí importante a considerar para estudiar su despliegue).
Hacia la década de 1930, Argentina presentaba, según McGee-Deutsch (2005), el legado más fuerte de activismo de la extrema derecha, en comparación con otros países de la región como Chile y Brasil. A pesar de la consolidación de las fuerzas conservadoras en el gobierno, afirma la autora, las extremas derechas locales estaban activas y recurrieron a su identificación de larga data con la Iglesia, los militares y el nacionalismo para incrementar su influencia y acceder al gobierno.
En ese contexto es que hay que comprender el ascenso de la sección regional de Falange: en el de una legitimidad gubernamental cuestionada que se sostenía en el poder por el fraude electoral y el respaldo militar, y el del crecimiento de las agrupaciones de ultraderecha vinculadas al nacionalismo. De alguna manera, el escenario de los años ‘30 tiene similitudes con la actualidad, que propician el crecimiento de movimientos políticos de extrema derecha cuestionando los sistemas democráticos y alineándose detrás de un proyecto político autoritario impulsado desde otro país.
Para el caso argentino, el autor logra reponer los vínculos existentes, por un lado, entre la formación local de Falange en Buenos Aires en los años ‘30 y su expansión hacia el resto del país (especialmente hacia Mendoza), sus relaciones con el nacionalismo local y el impulso que le dará a este, así como también el papel que tendrá Falange para las potencias del Eje en el Río de la Plata, actuando como agentes de información y propaganda. También es significativo ver, tal como propone el autor, que la influencia más importante que tuvo Falange para su desarrollo y actuación en Argentina fue el papel de la comunidad fascista italiana antes que los propios falangistas españoles.
El origen de Falange en Argentina data de 1936, poco después de las elecciones del Frente Popular en España. Inicialmente impulsado por una minoría de carácter obrero, pronto asumirán un papel más prominente en su conformación elementos provenientes de la comunidad gallega, de las élites españolas radicadas en Buenos Aires y de grupos monárquicos y carlistas. Con el apoyo de una buena parte del nacionalismo argentino, Falange se convertirá en un grupo de choque callejero y de agitación que le disputará a las autoridades del entonces gobierno republicano la representación de la comunidad española, además de constituirse en un elemento de recaudación de fondos destinados al ejército sublevado que luchaba en la península y de aportar hombres para enviar al frente. Su tarea en cuanto a propaganda también será destacable, por medio de la edición de periódicos, revistas y materiales audiovisuales (noticiarios y documentales) que difundían las ideas fascistas y exaltaban sus logros en la guerra. Sin embargo, Velasco destaca que la guerra civil en España fue asumiendo (para las autoridades argentinas de ese entonces) un carácter de movilización política al interior de las derechas locales, que estaban iniciando algunos procesos de fascistización preocupantes para el sector más conservador y moderado del nacionalismo. Debido a esta dinámica, se intentó controlar a sus dirigentes (por medio de un diálogo con la representación diplomática sublevada) mediante el relevo de cuadros, siendo reemplazados por otros enviados directamente desde España. La existencia bajo el nombre de Falange será breve pero intensa: mediante un decreto presidencial de 1939, se va a prohibir la actividad de grupos políticos extranjeros en el país que atenten contra la paz social. Falange, bajo otros nombres y con otras dinámicas, va a continuar en actividad hasta 1943 (involucrados en varios casos de corrupción y malversación de fondos, detallados en el libro), cuando se registra la aparición del último número de su revista Por ellos. Cabe destacar en esta revista la presencia activa de colaboraciones del director de la revista Criterio, el religioso católico Gustavo Franceschi, cuyas ideas corporativistas ya fueron estudiadas por Miranda Lida (2019). Franceschi, de postura antiliberal y anticomunista, admiraba los regímenes corporativistas ibéricos, y apoyó sin vacilaciones la sublevación franquista de julio de 1936 que inició la Guerra Civil Española; Lida afirma en su trabajo sobre la trayectoria del religioso que existe una fuerte continuidad en su pensamiento antes y después del estallido de la guerra de España, marcada por la idea de que el perfeccionamiento de la democracia se produciría a través de la adopción de un régimen corporativista de matriz cristiana (tal como proponía Falange Española).
Son destacables además las vinculaciones de Falange con otras formaciones de extrema derecha nacidas en la misma época en el interior de la comunidad española de Buenos Aires, cuya trayectoria reconstruye el autor, tales como los Legionarios Civiles de Franco, de fuerte arraigo en la comunidad gallega (que disputaban con Falange el monopolio de la representación de la sublevación y si bien eran un grupo que respondía a Soledad Alonso, de carácter conservador y católico, utilizaban ocasionalmente la retórica fascista).
En los capítulos dedicados a la experiencia de Falange en Argentina, Velasco repone algunos nombres propios significativos para la trayectoria de la agrupación de extrema derecha. Algunos de ellos pueden ser rastreados en otros trabajos de historia intelectual y otros aparecen como novedosos. En el caso de los primeros, por ejemplo, figuran Manuel Fresco (gobernador de la provincia de Buenos Aires de 1936 a 1940, destacada figura del fascismo argentino, que apoyaba las actividades de la agrupación), Rafael Vehils (presidente de la Cámara Española de Comercio de Buenos Aires, quien apoyó económicamente los gastos de la oficina diplomática del franquismo, paralela a la de la República, y que ya en 1937 reconoció oficialmente al gobierno de Franco; en 1939 será parte del grupo fundador de la Editorial Sudamericana) y Rafael Benjumea y Burín, conde de Guadalhorce (ex-ministro de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y por entonces presidente de la Compañía Hispano Argentina de Obras Públicas y Finanzas CHADOPYF-, que dirigía la construcción de tres líneas del ferrocarril subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires). Entre las figuras que se mencionan con un papel destacado y sobre las que existe poco material previo se hallan Juan Pablo de Lojendio, diplomático de carrera designado por Franco como embajador en Buenos Aires de la representación diplomática paralela durante la guerra, que tuvo a su cargo las actividades de Falange; y también Soledad Alonso de Drysdale, antigua cantante y viuda de un comerciante inglés, que se convirtió en una de las principales recaudadoras de fondos para aportar a los sublevados, que al principio se acercó a Falange y luego se distanció, pero siempre manteniendo una relación estrecha y personal con Francisco Franco.
En el análisis sobre la inserción de Falange en Uruguay, vemos que durante la década de 1930, en la cual el poder ejecutivo fue ejercido por Gabriel Terra (primero de manera constitucional entre 1931 y 1933 y desde ese año hasta 1938 de facto), la agrupación contó con el aval del Estado uruguayo, quien rompió relaciones diplomáticas con la República Española muy rápidamente y reconoció al gobierno de Franco, en un gesto de apoyo hacia los fascismos europeos que no era soterrado: los avales hacia las inversiones extranjeras provenientes de Italia y Alemania durante su gobierno fueron notables. No obstante, con el cambio de gobierno en 1938 y la asunción a la presidencia de Alfredo Baldomir (quien optó por priorizar las relaciones internacionales con Estados Unidos y Gran Bretaña), este apoyo se terminó abruptamente y Falange fue ilegalizada. Si bien las relaciones con los elementos del nacionalismo y del falangismo argentino eran fluidas (y también las similitudes de organización y problemas), la particularidad del desarrollo de Falange en Montevideo fue la de intentar constituirse en jefatura y directriz de todas las delegaciones falangistas latinoamericanas. Velasco rescata la figura de Germán Fernández Fraga, inmigrante gallego que cumplió funciones como secretario de la jefatura de Falange de Montevideo, que propuso a la Falange montevideana la función de convertirse en “el altavoz del movimiento entre la comunidad española del continente”, con una perspectiva panamericana, por medio de la propaganda difundida a través de la publicación Hispanidad y la creación de nuevos locales de Falange en el interior de Uruguay.
Hay, por otra parte, un trabajo especial en cuanto a conceptualizar la Hispanidad, entendida como proyecto cultural y a historizar los orígenes de la relación entre hispanismo, nacionalismo y falangismo. Según el autor, el concepto y la idea de Hispanidad fueron utilizados tanto como recurso retórico para estrechar relaciones con los nacionalismos católicos americanos en su versión más autoritaria como para funcionar de contrapeso ideológico y alternativa al panamericanismo proestadounidense. Hispanidad e Imperio, tal como afirma Velasco, se empleaban en tanto conceptos funcionales al ansia de expansión imperial del fascismo español, cuyos objetivos eran América y África. La disyuntiva, dice el autor, era la reconstrucción del antiguo imperio perdido en el s. XIX, sobre cimientos más o menos espirituales, o la creación de uno nuevo en África, interpretándolo como el cumplimiento del testamento de Isabel La Católica y recuperando la función cristianizadora. El concepto de Hispanidad, difundido inicialmente en Argentina por Ramiro de Maeztu (embajador español en Argentina entre 1928 y 1930), se expandirá con la actuación de Falange entre 1936 y 1943 en el espacio rioplatense y sobrevivirá especialmente en Mendoza, donde ya se señaló el importante arraigo y poder de movilización de Falange. Al respecto, Farés (2024), en su extenso trabajo sobre las derechas e izquierdas nacionalistas de la década del ‘60 en esa ciudad, repone el rol de la Universidad Nacional de Cuyo como inserta en una red transnacional (a través de la mediación del Instituto Cuyano de Cultura Hispánica), vinculada con referentes e instituciones académicas sostenidas por el franquismo, que financiaba estancias de investigación y posgrado en instituciones españolas difusoras de la Hispanidad, caracterizada por Farés como proyecto cultural en base a un nuevo tipo de nacionalismo supranacional que podía proyectarse a futuro en función de construir una justificación de su pasado. El peso de la Hispanidad en la producción intelectual cuyana y su influencia durará décadas, según demostró la autora.
El mérito de este trabajo de investigación radica en hacer una lectura comparada de la inserción de Falange en ambas orillas del Río de La Plata, mostrando similitudes y diferencias, reponiendo la tarea intelectual de personalidades poco estudiadas hasta el momento y en mostrar cómo el apoyo y las vinculaciones a esta formación de extrema derecha en su expresión local estuvieron fuertemente vinculados a figuras de la comunidad inmigratoria (especialmente empresarios y diplomáticos, con fuertes intereses políticos y económicos en las dos orillas), a personalidades del nacionalismo argentino y uruguayo (mostrando las reticencias que tenían los sectores más conservadores frente a las expresiones fascistas, a las que apoyaron inicialmente pero de las cuales se distanciaron luego). En el punto en que la capacidad de movilización, choque y propaganda de este grupo adquirió una autonomía que se convirtió en problemática tanto para el franquismo como para los gobiernos argentino y uruguayo, en ambos casos se optó (con diferentes modalidades) por suprimir sus actividades y desvincularse de quienes alguna vez fueron sus cuadros más activos.
En el presente, la historiografía reflexiona sobre las derechas considerándolas bajo distintos nombres: derechas, nuevas derechas, fascismo, neo-fascismo, y abundan los trabajos de interpretación de este fenómeno contemporáneo, pero con algunas salvedades, no se las estudia en perspectiva histórica. Quizá las investigaciones como las realizadas por Velasco, en el contexto actual, deban tener prioridad antes que las discusiones conceptuales sobre el uso correcto o indebido del término fascismo o de lo nuevo de las derechas, para pensar los momentos de apogeo, las hibridaciones, las trayectorias, las discontinuidades y las caídas en desgracia de experiencias como la del falangismo español, que influyó profundamente en la cultura política argentina y que es reivindicado en el presente en la propia España, cuyos sectores más reaccionarios (incluso reivindicadores de la hispanidad) están activos y en cercanía profunda con las derechas argentinas.
Farés, M. C. (2024). Derechas e izquierdas nacionalistas en los 60. Universidad y prensa local en la encrucijada nacional e internacional. Buenos Aires: Prometeo.
Furman, R. (2014). Puños y pistolas. La extraña historia de la Alianza Libertadora Nacionalista, el grupo de choque de Perón. Buenos Aires: Sudamericana.
Lida, M. (2019). El enigma Franceschi. Su lento e irreversible aggiornamento en la década de 1940, en Lida, M. y Fabris, M. La revista Criterio y el siglo XX argentino. Religión, cultura y política. Rosario: Ediciones Prohistoria.
Lvovich, D. (2022). El águila y el haz de flechas. El espionaje de Estados Unidos al falangismo en el Río de la Plata, 1941-1944. Santander: Ediciones Universidad de Cantabria.
McGee-Deutsch, S. (2003). Las derechas. La extrema derecha en la Argentina, el Brasil y Chile, 1890-1939. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.
Padrón, J. M. (2017). “Ni yanquis ni marxistas! Nacionalistas”. Nacionalismo, militancia y violencia política: el caso del Movimiento Nacionalista Tacuara en la Argentina, 1955-1966. La Plata: FaHCE-UNLP.
Payne, S. (1985). Falange. Historia del fascismo español. Madrid: SARPE.